Columna de Opinión:

La llegada de Emiliano Astorga devuelve una cuota de esperanza a Deportes Temuco. Su experiencia y su forma de trabajar pueden ser exactamente lo que este plantel necesita para reencontrarse con el fútbol y con los resultados. Sin embargo, sería un grave error creer que el problema del club se solucionó con un cambio de entrenador.
El verdadero examen sigue estando en la dirigencia.
Marcelo Salas lleva años al mando de Deportes Temuco y el balance deportivo está lejos de cumplir las expectativas que él mismo generó cuando asumió el control del club. La promesa de devolver al Pije al lugar que merece se ha ido transformando, temporada tras temporada, en un ciclo de frustraciones, cambios de entrenadores y proyectos que nunca logran consolidarse.
Cada año se repite la misma historia. Se arma un plantel para pelear el ascenso, se habla de un proyecto ambicioso y, cuando los resultados no aparecen, la primera solución es cambiar al entrenador. Lo que nunca cambia es la autocrítica de quienes toman las decisiones.
Arturo Sanhueza fue un error. No porque haya sido el único responsable del fracaso deportivo, sino porque nunca debió llegar a dirigir un equipo con la obligación de ascender. Apostar por un técnico sin recorrido para un desafío de esta magnitud fue una decisión de la dirigencia, no del azar. Y cuando esa apuesta fracasó, nuevamente fue el entrenador quien terminó pagando el costo de una planificación deficiente.
Lo preocupante es que este no es un hecho aislado. La gestión deportiva ha estado marcada por la improvisación. Han llegado jugadores que nunca justificaron su contratación, especialmente extranjeros cuyo aporte estuvo muy lejos de marcar diferencias. También se han tomado decisiones difíciles de explicar respecto al manejo del plantel, mientras el club ha perdido competitividad año tras año.
La sensación es que Deportes Temuco dejó de tener un proyecto deportivo para vivir de decisiones de corto plazo. Se apagan incendios en lugar de construir un camino. Se corrigen errores cuando ya es demasiado tarde. Y así es imposible competir con instituciones que trabajan con planificación y estabilidad.
Marcelo Salas no puede seguir apareciendo solo cuando hay presentaciones de refuerzos o anuncios institucionales. El presidente también debe dar la cara cuando los proyectos fracasan. Liderar un club implica asumir tanto los aciertos como los errores, y hasta ahora las explicaciones han sido escasas frente a temporadas que terminan muy por debajo de las expectativas.
La hinchada ha demostrado una lealtad inquebrantable. Ha llenado el Germán Becker incluso en campañas decepcionantes, ha acompañado al equipo de visita y ha sostenido al club cuando los resultados invitaban al desencanto. Esa fidelidad merece mucho más que discursos optimistas al inicio de cada temporada.
La llegada de Emiliano Astorga puede marcar un punto de inflexión. Tiene las herramientas para ordenar al equipo y devolverle una identidad futbolística. Pero ni el mejor entrenador puede sostener indefinidamente un proyecto si desde la dirigencia se siguen repitiendo los mismos errores.
Hoy Marcelo Salas enfrenta probablemente el momento más importante desde que asumió la conducción de Deportes Temuco. Ya no bastan las buenas intenciones ni el peso de su nombre en la historia del fútbol chileno. Lo que la institución necesita es gestión, planificación, decisiones acertadas y resultados.
Porque la historia como futbolista merece todo el reconocimiento del mundo. La gestión como presidente, en cambio, debe evaluarse con la misma exigencia con la que se juzga a un entrenador o a un jugador.
La contratación de Emiliano Astorga puede ser el comienzo de la recuperación de Deportes Temuco. Pero también puede transformarse en la última oportunidad para que la dirigencia encabezada por Marcelo Salas demuestre que realmente tiene un proyecto capaz de devolver al club al lugar que su historia y su gente merecen.
Si esta apuesta vuelve a fracasar, ya no habrá entrenador al que responsabilizar primero. Las miradas apuntarán inevitablemente hacia quienes han dirigido el destino de Deportes Temuco durante todos estos años. Y esa responsabilidad será imposible de eludir.
RBC

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