
Hay que decirlo aunque duela: se acabaron las esperanzas de clasificar a la liguilla.
Podemos seguir haciendo cuentas y esperando una combinación de resultados, pero como hinchas también tenemos que ser honestos. Un equipo que pretende pelear arriba no puede llegar a estas alturas dependiendo de una calculadora.
Temuco dejó demasiados puntos en el camino. Y esta vez no hay que buscar las explicaciones solamente en los demás. La autocrítica futbolística es inevitable.
El principal problema fue la irregularidad. Hubo partidos que demostraron que este equipo tenía argumentos para estar más arriba, pero también actuaciones que explican por qué terminamos fuera de la pelea.
El 1-4 ante Copiapó, el 3-4 frente a Magallanes o la derrota 0-1 ante Iquique son ejemplos de partidos en los que necesitábamos otra respuesta. En encuentros donde había puntos importantes en juego, el equipo no tuvo la concentración, contundencia o jerarquía necesaria.
Y también hubo empates que hoy pesan. El 1-1 ante San Luis o el 1-1 frente a Recoleta son puntos que, vistos desde la perspectiva de las últimas fechas, adquieren otro valor. En una campaña tan apretada, no basta con competir, hay que saber cerrar los partidos y convertir las oportunidades en victorias. Porque capacidad había, pero nunca conseguimos sostenerla.
Y aquí las responsabilidades son compartidas.
A los cuerpos técnicos les corresponde responder por la lectura de los partidos, las decisiones y la capacidad de encontrar soluciones cuando el plan inicial no funciona.
A los jugadores, por la concentración, la contundencia y la personalidad para responder en los momentos importantes.
Y a la dirigencia, por la planificación y por la conformación de un plantel que finalmente no consiguió sostener una campaña de protagonista.
Pero hay algo que como hinchas tampoco podemos dejar pasar: el público sí respondió.
Cuando el equipo entregó una razón para creer, la gente estuvo.
Contra Cobreloa llegaron más de 9.000 hinchas. El estadio respondió porque el hincha de Temuco sigue teniendo ganas de creer, sigue queriendo ver a su equipo arriba y sigue dispuesto a acompañar cuando siente que existe un proyecto que vale la pena.
Por eso, después de esta tremenda desilusión, probablemente volveremos a ver el escenario de tantas otras veces: los 3.000 de siempre.
Pero cuidado con culpar al hincha. El hincha no se aleja porque no quiera al club. Se aleja cuando siente que, año tras año, la historia vuelve a ser la misma.
Y aquí aparece una pregunta que alguien tiene que responder: ¿Después de 14 años, los dirigentes están conformes con esto?
Porque salvo aquella campaña extraordinaria del ascenso de 2016, llevamos demasiado tiempo buscando una explicaciones para cada nuevo problema que impide alcanzar el objetivo.
Que un año es el proyecto.
Que otro año es el técnico.
Después llegan nuevos jugadores.
Luego cambia la gerencia deportiva.
Después hay que esperar la próxima temporada.
Y nuevamente comenzamos desde cero.
Siempre inventando algo distinto, pero terminando en el mismo lugar.
Entonces la pregunta ya no es solamente qué salió mal este año. La pregunta es: ¿qué se está haciendo diferente para que, dentro de un año, no estemos escribiendo exactamente la misma columna?
Y hay un elemento que tampoco podemos ignorar. Sabemos que el propietario del club no tiene el vínculo emocional de un hincha tradicional de Deportes Temuco. Eso es una realidad que genera una pregunta legítima sobre el futuro: ¿Qué pasaría si otra administración tomara el control del club? Puede salir bien. Puede salir mal.
Nadie puede garantizarlo.
Pero si nunca se prueba algo distinto, el resultado ya lo conocemos: seguir caminando por el mismo camino que llevamos recorriendo durante estos 14 años.
Y eso es lo que debería preocupar.
No se trata de cambiar por cambiar. Se trata de evaluar si el modelo actual realmente está entregando los resultados deportivos que el club necesita.
Porque el hincha ya demostró que está.
Más de 9.000 contra Cobreloa no son casualidad.
La gente quiere creer, quiere volver al estadio, quiere cantarle a su equipo, quiere verlo pelando arriba.
Pero también quiere motivos para acompañarlo.
Por eso los partidos que quedan no pueden jugarse simplemente para cumplir con el calendario. Hay que competir, ganar y demostrar quién tiene el nivel y la personalidad para continuar.
Y después vendrá la parte más importante: tomar decisiones.
La próxima temporada necesita un proyecto deportivo claro, un plantel equilibrado, una idea de juego definida y una planificación que no dependa de improvisaciones.
No queremos otra temporada de cuentas en las últimas fechas.
No queremos depender de que otros pierdan.
No queremos que octubre vuelva a encontrarnos preguntando qué salió mal.
Queremos un equipo que haga sus propios méritos para estar arriba.
Y también queremos respuestas.
Después de 14 años, ¿están conformes con este camino?
¿Es realmente este el proyecto que quieren para Deportes Temuco?
¿Existe voluntad de hacer algo diferente?
Porque seguir haciendo lo mismo también es una decisión.
El hincha va a seguir estando. Eso nunca estuvo en duda.
Pero acompañar no significa dejar de exigir.
Se acabó la ilusión de la liguilla. Ahora comienza la obligación de preguntarse qué vamos a cambiar para que esto no vuelva a ocurrir.
Porque el próximo año no queremos otra explicación.
Queremos un Deportes Temuco competitivo desde la primera fecha, un equipo que pelee arriba y un proyecto que nos permita volver a soñar sin tener que sacar la calculadora en octubre.
El hincha ya hizo su parte. Ahora les toca a ustedes.
RBC

Temuco no se merece esto. Es una gran ciudad y los que amamos estos colores junto a su himno hermoso no debemos quedarnos con los brazos cruzados hay que tener fe para volver a estar donde nunca debimos salir. La familia Rosen debería tomar el control es solo una idea lejana pero quien más podría ser que sea de esta linda región?
Puta que quiero a este equipo y me duele seguir en los potreros.